Diario de un preñado exilio

Porque no hay nada que hacer más que esperar, y todo lo demás que se hace en el día y en la vida, que es tanto. Mientras pasa el tiempo siempre tan lejos de nosotros e igual llevándonos a rastras. Esperar que estés bien y no sentir que tu nacimiento es complemento de mi muerte. Esperar que papá y mamá estén en casa y no llegué a ellos una manzana, de la Central de Abastos, que no se lave bien, que pase de boca en boca y que los enferme a ambos. Esperar poder volver y después estar allá, tomando café ya casi frío porque he hablado demasiado, riendo, mostrándoles al niño, quitándoles al niño porque lo han tenido mucho tiempo; esperando a irme porque me están volviendo loca. Por que ya no quiero escuchar ni una vez que lo debería hacer de otro modo. Esperar que mi hermano esté en paz, como a veces dice que está y pocas le creo, y siga abrazando a ese bebé que yo no he tocado en seis meses, que una parte animal de mi extraña tanto.