Diario de un preñado exilio. Día 68.

Cuando tienes tiempo de pensarlo realmente, las cosas que se aman de verdad, son bien pocas. Y son, en realidad, fáciles de amar. Como el ver nacer una nueva hoja en una planta que se ha cuidado mucho tiempo, o el olor del café en las mañanas, las risas de mi güero cuando está desprevenido, la bondad de mi padre, el acurrucarme en las piernas de mamá sin que me haga ninguna pregunta. A ti, todo, completamente, entero, desde que eras más diminuto que una semilla de alpiste hasta ahora, hasta después que estés buscando cómo matarme para continuar tu vida despojado de tantas palabras y bailes.