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Dejar el paraíso de Bali en medio de la ‘pesadilla’ provocada por el COVID-19

Y sí, estoy bien, aunque me recuerdo que también se vale no estarlo, como lo estamos tantos. Es entonces que me permito estar triste por los cambios y las pérdidas sufridas en el corto tiempo; por la incertidumbre de no poder volver a casa pronto; porque no puedo proteger a todos los míos ni desde aquí ni estando allá a su lado. Tengo sueños largos en los que no pasa mucho: encuentro una rama seca y la pongo en la mesa para cada diez o quince minutos cortar una de sus ramitas hasta que la voy dejando hecha un tronco. Sus ramitas ahí, al lado, pero escindidas.

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Bali, la isla de los Dioses

¿Cómo hacer que lo entiendan, que lo vean todo? Bali, quizá Indonesia toda, es aún un sitio tan magnético que, pensando en su propia tierra, tiene una palabra designada para decir “volver a casa”: pulang. Me gustaría poder describirles el olor del mar y el sabor del arroz frito que como a diario; explicarles cómo cada día me siento un centímetro menos extranjera; describirles lo complicado de las calles; hablarles de ellos: de esta gente que hace de una isla cualquiera uno de los lugares más bellos sobre la Tierra.