Dejar el paraíso de Bali en medio de la ‘pesadilla’ provocada por el COVID-19

Y sí, estoy bien, aunque me recuerdo que también se vale no estarlo, como lo estamos tantos. Es entonces que me permito estar triste por los cambios y las pérdidas sufridas en el corto tiempo; por la incertidumbre de no poder volver a casa pronto; porque no puedo proteger a todos los míos ni desde aquí ni estando allá a su lado. Tengo sueños largos en los que no pasa mucho: encuentro una rama seca y la pongo en la mesa para cada diez o quince minutos cortar una de sus ramitas hasta que la voy dejando hecha un tronco. Sus ramitas ahí, al lado, pero escindidas.