Estambul, sueños de infancia

Me cuesta hablar de Estambul sin volver a sentir en mi cuerpo el asombro. Pronuncio su nombre y de pronto una oleada color durazno, rosa pastel y azul celeste me inunda la cabeza. Entrecierro los ojos para ver las telas que ondulan con el viento entre las multitudes; para oler las especies, probar de nuevo el té negro y té de manzana y así, entre la novedad y sobre estimulada, camino en silencio para poder prestar atención a este nuevo sitio al que llevo tanto tiempo queriendo llegar.